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¿Por qué el montaje de una supuesta “pandemia de Gripe A”? PDF Print E-mail
Written by uno   
Friday, 20 November 2009

¿SON VACUNAS Y ‘ANTIVIRALES’ LOS ÚNICOS

PELIGROS REALES DE “ESO” LLAMADO “GRIPE A”? 

No hay epidemia –y menos pandemia- alguna de “Gripe A”. Es más, no hay ni siquiera “Gripe A”, sino que han rebautizado la gripe estacional normal (o incluso más benigna). No puedo afirmar que ni siquiera haya un virus nuevo, pues nos dicen que “el virus de la gripe” muta como mínimo de año en año (cosa que ahora me parece clarísimo que hay que investigar a fondo), pero probablemente sí sea cierto que no se ha aislado ni caracterizado ningún “virus A-H1N1” que -en todo caso, y como máximo- no estuviese ya aislado y caracterizado antes, por lo que no debería ser presentado como “un nuevo virus”.  

Hay que precisar qué se hace técnicamente –y políticamente- para poder afirmar oficialmente que “se ha confirmado que un caso de gripe es un caso de gripe A”. Al parecer, al inicio se aplicaba una técnica llamada PCR  ---considerada por algunos investigadores como “sucia” porque hace mucho “ruido” ya que crea muchas confusiones—  cuyo margen de manipulación es considerable. Pero en realidad, desde hace meses se sigue la presión de las autoridades sanitarias para que todo “caso de gripe” sea directa y automáticamente considerado “caso de gripe A”. Esto explica que; 

--- nos anuncien que “el 90% o más de casos semanales de gripe son casos de gripe A”, llegando en alguna semana incluso al 100%. Nos lo dicen para reforzar el miedo al supuesto sobrecogedor avance de la supuesta “terrible pandemia de gripe A” con la que llevan medio año amenazando. Pero para quien no se deja espantar, está quedando claramente al desnudo que aceptar que hay una “gripe A” implica reconocer que este año no hay “gripe normal”, y que, viceversa, si hay “la gripe de cada año”, no queda rastro de la supuesta “gripe A”. Además, para desespero de los diseñadores de la supuesta “gripe A”, la gripe estacional de este año está resultando más suave que la de los anteriores. Y ocurre que “El último balance del ministerio español de Sanidad, publicado el 29 de octubre, dio cuenta de 80. 981 nuevos casos de gripe H1N1 en la semana del 18 al 24 de octubre, mientras que el número de muertos relacionados con esta gripe era de 63”. O sea que oficialmente se reconocen menos de un centenar de fallecimientos atribuidos a la supuesta “gripe A” (y falta ver quiénes han muerto y qué los ha matado), cuando en otros años las víctimas mortales de la gripe estacional a estas alturas del año eran varios cientos.  

--- algún político que ha contribuido a este trasvestimiento, se permita anunciar hace ya tres semanas que “la gripe A se convertirá en gripe estacional” y que “probablemente, el virus de la gripe A el año próximo (…) sea el virus normal de la gripe estacional” (Marina Geli, RAC1, 23 de octubre de 2009).  

Análogamente habría que precisar cómo técnicamente deciden que “los antivirales funcionan bien”, cuando la lógica más elemental indica todo lo contrario. Resulta que en torno al 90% de los “muertos de gripe A” eran enfermos crónicos que llevaban años enfermos y, por lo tanto, vivos. Se les diagnostica “enfermos de gripe A”, se les medica con “antivirales para la gripe A” y estos enfermos crónicos dejan de serlo para pasar a ser “muertos por el virus de la gripe A”. Quien no haya quedado obnubilado por las sucesivas avalanchas de miedo procedente de (casi) todas las instituciones y desparramadas por (casi) todos los canales, puede ver que lo nuevo que les ocurrió a estos enfermos crónicos fue ser diagnosticados con la “terrible gripe A” y ser tratados con los “beneficiosos antivirales”, y puede llegar a la conclusión de que es precisamente tomar los supuestos “antivirales” lo que les ha (re)matado. 

Y está resultando tan evidente que “las vacunas ante la gripe A” son un peligro, que muchos médicos, enfermeras y otros profesionales partidarios de las “vacunas normales”, anuncian públicamente que no se van a vacunar y que no van a recomendar a sus pacientes que se vacunen (ni se mediquen).

Sin entrar ahora en que en realidad toda vacuna es peligrosa (revista DSalud, noviembre 2009), hay que resaltar que quien se vacune o se deje vacunar será un conejillo de indias participando en un experimento inédito de consecuencias desconocidas. En efecto, jamás se había inoculado dos dosis seguidas de una vacuna fabricada tan precipitadamente, con tales cantidades de adyuvantes peligrosos y tan poco segura que, para protegerles de las protestas de las víctimas, han sido aprobadas leyes que eximen de responsabilidades tanto a los fabricantes como a los políticos que las están  haciendo poner. Y menos aún se había hecho correr el riesgo de aplicar estas dosis tras la dosis de vacuna anti-gripe “normal”, con lo cual muchas personas recibirán –si se las dejan meter- tres vacunas peligrosas en pocas semanas. En Italia oficialmente se reconoce que sólo se han vacunado el 8% de los médicos; en Francia, el 20% (aquí se habla de un ¿hinchado? 30%). Y varios colectivos de enfermeras han anunciado que no se vacunarán. E incluso la Ministra de Sanidad polaca se resiste a las presiones que recibe para comprar vacunas. 

La cuestión decisiva a responder es: ¿Qué se esconde detrás de las histéricas prisas en conseguir decretar una “pandemia de gripe mexicana-porcina-A”, llegando incluso la OMS (Organización Mundial de la Salud) a cambiar los criterios para decretar si hay o no una pandemia, suavizándolos muchísimo para pode hacer colar una gripe normal –encima, benigna- como una “peligrosa pandemia de gripe A”? ¿Y qué se esconde detrás de tomar medidas draconianas para imponer la vacunación manu militari? ¿Y qué se esconde detrás de adoptar leyes que otorgan poderes especiales a los gobernantes para sancionar con multas y para encerrar en centros de cuarentena a los díscolos? Parece claro que el objetivo de todas estas maniobras y medidas ---indulgentes para farmacéuticas y gobernantes, pero aterrorizadoras y coercitivas para la población--- es imponer como sea la vacunación contra la supuesta “peligrosa pandemia de gripe A”. Pero, ¿POR QUÉ ESTA OBSESIÓN EN VACUNAR? 

No creo que el móvil económico baste para explicarla, aunque está claro que las multinacionales fabricantes de vacunas van a ingresar enormes millonadas. Pero la mejor razón que conozco hasta ahora -y estoy abierto a otras posibilidades- la ha formulado el Dr. Hamer: el objetivo es la implantación de microchips que estarán en las agujas de las inyecciones y serán empujados al interior de la persona por el líquido de la vacuna al inyectarla. Dos operaciones peligrosas en una sola acción… 

Aunque también se ha formulado otra posibilidad quizás aún peor. Surge si al claro objetivo de vacunar le asociamos los repetidos anuncios de que “el virus mutará y se volverá muy mortífero”. Entonces puede que sean las propias vacunas las que provoquen muertes que serán atribuidas a que “el virus ha mutado, se ha vuelto mortal, como ya avisábamos, y estas vacunaciones han llegado tarde; corran a vacunarse los que aún no lo han hecho para ver si llegan a tiempo de neutralizar el virus asesino”. Así lo está avisando con todas sus fuerzas, desesperado tras haber llegado a esta conclusión, el médico canadiense Dr. Jean-Jacques Crèvecoeur, que ha abierto una web especial. 

Apoyo tres de las cuatro recomendaciones de la Doctora-monja Teresa Forcadas i Vila en su video y en su artículo: “mantener la calma”, “no dejarse vacunar” y “activar con carácter urgente los mecanismos legales y de participación ciudadana necesarios para asegurar de forma rotunda que no se podrá forzar a nadie en nuestro país a ser vacunado en contra de su voluntad, y que los que decidan libremente vacunarse no serán privados del derecho a exigir responsabilidades ni del derecho a ser compensados económicamente (ellos o sus familiares) en caso que la vacuna les cause una enfermedad grave o la muerte”. La cuarta, “tomar precauciones sensatas para evitar el contagio”, no la comparto porque alimenta la creencia de que hay algo nuevo de lo que contagiarse, con lo que me temo que refuerza el miedo oficial. En cambio, mi cuarta recomendación es: no tomar los supuestos “antivirales” por su peligrosidad (además de por su precio), cuando no hace falta ni hay ningún tratamiento efectivo para la gripe.  

Para mí, estas cuatro recomendaciones -y alguna más que pueda proponerse en esta línea- deberían orientar las actividades hacia un objetivo: DESMONTAR LA GRIPE A. Para ello, bloquear sus concreciones más peligrosas: la aplicación de las vacunas y la administración de los supuestos “antivirales”. Y, mientras, dar criterios, información, datos, etc., que permitan perder el miedo y pasar a exigir pruebas, a frenar a quienes –intencionadamente o no- extienden la versión oficial y sus peligrosas y onerosas prácticas, y a exigir que se rinda cuentas y que se asuma responsabilidades. 

Barcelona, 16 de noviembre de 2009        Lluís Botinas, presidente de Plural-21  This e-mail address is being protected from spam bots, you need JavaScript enabled to view it

 

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