«Nosotros fuimos “Gladio”»

Documental d’ahir a La 2 de TVE.

(I que segurament repetiran)

O sigui, que ara resulta que l’existència de la xarxa terrorista de la OTAN ja no és “conspiranoia”.
Ara ja és “normal” i “tothom ho sabia”
Abans era: malpensa i encertaràs.
Ara és: malpensa i et quedaràs curt.

:-\

No hi ha res més fals que una veritat oficial.

Salut i malfiança!

Jordi

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http://www.rtve.es/alacarta/videos/documenta2/documenta2-nosotros-fuimos-gladio/3487889/

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Documenta2
15 feb 2016  51.37 min

Nosotros fuimos gladio

Durante la Guerra Fría la OTAN puso en marcha la red Stay-Behind, un servicio secreto compuesto por miles de agentes durmientes repartidos por toda Europa que estaban preparados para ser activados en el hipotético caso del que el Ejército Soviético ocupara los países de Occidente.


Contenido disponible hasta el 22 de febrero de 2016.


http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_GLESP/mp4/4/8/1455572648684.mp4

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http://blog.rtve.es/somosdocumentales/2016/02/nosotros-fuimos-gladio-los-esp%C3%ADas-durmientes-de-la-guerra-fr%C3%ADa.html

15/02/2016

‘Nosotros fuimos gladio’, los espías “durmientes” de la Guerra Fría

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Nosotros fuimos Gladio es un apasionante documental que relata la verdad sobre el secreto mejor guardado de la Guerra Fría: Los “espías durmientes”. Ciudadanos anónimos fueron entrenados para convertirse en espías. Una red paramilitar secreta dirigida por la OTAN para formar agentes durmientes con el objetivo de detener un posible golpe comunista en Europa Occidental. Lo podéis ver este lunes, 15 de febrero, a las 21:00, en Documenta2.

Desde el descubrimiento de su filial italiana ‘Gladio’ en 1990, sigue siendo un misterio quién estaba detrás de esta organización. La OTAN no habla de ello, los archivos han sido sellados, sus agentes son desconocidos. El documental destapa ahora los secretos de esta organización.

La Operación Gladio fue una organización terrorista secreta anticomunista desarrollada en la Europa Occidental y apoyada y financiada por la CIA estadounidense. El nombre de Gladio se aplica generalmente a una serie de organizaciones paramilitares de diversos países, aunque lo más común es su utilización exclusivamente para referirse a los paramilitares italianos. Fue descubierta el 24 de octubre 1990 por el Presidente del Consejo de los Ministros italiano Giulio Andreotti; Italia, Suiza y Bélgica desarrollaron investigaciones parlamentarias. La trama fue condenada por el Parlamento Europeo en resolución del 22 de noviembre de 1990.

La Operación Gladio fue ideada después de la Segunda Guerra Mundial por la CIA y el MI6, y tenía como objetivo prepararse ante una eventual invasión soviética de la Europa occidental por medio de fuerzas armadas paramilitares secretas de élite dispuestas en diversos países capitalistas. Finalmente la situación degeneró en el empleo de varias estrategias de guerra sucia, tales como la infiltración, y las operaciones de bandera falsas (como en la estación de Bolonia, en Italia) para destrozar la imagen pública de partidos políticos (al señalarlos falsamente como los autores del ataque) no colaboradores con los EEUU (nacionalistas y comunistas), y así evitar su ascenso por las urnas.

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Todos los países capitalistas de dicho continente poseían contingentes secretos. Muchos nazis derrotados tras la II Guerra Mundial fueron miembros de Gladio, que aceptaba solamente a “gente segura”, es decir, militantes nacional-socialistas alejados del conservadurismo moderado y de la izquierda; librándose también de esta manera de juicios de guerra y en muchos casos manteniendo un alto nivel de vida.

Además de prepararse ante una posible invasión, estas fuerzas de retaguardia han sido utilizadas por la CIA para influir en la política de algunos de estos países. Un caso singular fue la implicación de Licio Gelli, jefe de Propaganda Due (P2), Stefano Delle Chiae  también involucrado en la Operación Cóndor, o Vincenzo Vinziguerra en la “estrategia de la tensión” en Italia.

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También en Italia, las masacres de Peteano (1972), de la Piazza Fontana (1969), de la estación de trenes de Bolonia (1980) y el golpe fallido “Golpe Borghese” (1970) fueron obra de Gladio. El asesinato del Primer Ministro Aldo Moro, llevado a cabo por las Brigadas Rojas en 1978, también se ha vinculado a la oposición de Gladio a su política de Compromiso Histórico. En Grecia, las fuerzas de Gladio estuvieron involucradas en el golpe de estado de 1967.

Podéis descubrir todos los secretos de esta organización, este lunes, 15 de febrero, a las 21:00, en Documenta2.

Bajo


Publicado el 09:05 | Enlace permanente

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MÉS INFORMACIÓ:

http://www.voltairenet.org/auteur124764.html?lang=es


Los ejércitos secretos de la OTAN

Daniele Ganser

Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Sus trabajos acerca de las redes Gladio en Europa y de los ejércitos secretos de la OTAN ligados a los neonazis y otros movimientos fascistas le valieron un gran reconocimiento académico. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.

44 artículos

(…)

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Entrevista con el testigo que denuncia a su padre como autor del atentado de la Oktoberfest de Munich en 1980, la peor masacre terrorista de la Alemania de posguerra

Andreas Kramer: “He golpeado un nido de avispas”

“Me entrenaba. No confiaba en nadie pero en mí sí, e hizo algo a lo que no tenía derecho: rompió el secreto de Gladio con su hijo” 

“El día del atentado, cuando salió la noticia por la tele, mi padre estaba ante el televisor con nosotros y dijo, ‘yo no quería eso'” 

“En Europa la mayoría de los gobiernos de nuestro entorno eran socialistas y subvertidos por los comunistas, la meta era eliminar a esos gobiernos”
Internacional | 27/04/2013 – 00:06h

Andreas Kramer
El historiador Andreas Kramer explica la relación con su padre como algo digno de Dostoyevski,
que pasa de la adoración adolescente al rechazo, como resultado de un gran crimen.
Rafael Poch
Rafael Poch
Duisburg. Corresponsal

Estación central de Duisburg, a cuatro horas de tren de Berlín. Si no fuera porque su realidad supera toda ficción, Andreas Kramer podría ser un personaje de John le Carré. Este hombre de 48 años, sensible, historiador interesado en Bizancio y de hablar un tanto atropellado, ha jurado este mes ante un tribunal de Luxemburgo que su padre, Johannes Kramer, un oficial de los servicios secretos alemanes (BND) que trabajaba para los grupos terroristas de la OTAN (Gladio-stay Behind), fue el autor no solo de la mayoría de los 24 atentados con bomba registrados en el Gran Ducado entre 1984 y 1985, sino también del más mortífero atentado terrorista de la Alemania de posguerra: el de la Oktoberfest de Munich, el 26 de septiembre de 1980, con 13 muertos y 213 heridos, una carnicería nunca aclarada con niños entre las víctimas y muchos miembros amputados.

Esta información ha causado revuelo en Luxemburgo, en lo que se conoce como el “juicio del siglo”, pero no en Alemania. Ningún juez alemán se ha interesado por el asunto, ni ha llamado a declarar a Kramer. Nadie le ha acusado de mentir, ni de ser un charlatán. Ningún medio de comunicación importante se ha hecho eco. Silencio. Ese silencio es lo que me lleva a Duisburg. Kramer me recibe en la estación de esa ciudad del Ruhr y me conduce a una cafetería, donde espera Giselle, su compañera, postrada en una silla de ruedas. Ambos son seres frágiles, pero determinados. Dos individuos se sientan en la mesa de al lado y nos cambiamos de sitio.
¿Le vigila la policía?
Nadie me ha denunciado, no hay ningún proceso judicial contra mí.

¿Controlan su teléfono, su correo electrónico?
Eso sí. Hace dos semanas mi ordenador fue intervenido. Especialistas detectaron que habían instalado en él un programa de espionaje.

¿Cómo es que su padre le contaba sus secretos?
Quería que entrara en Gladio-Stay Behind (la red terrorista de la OTAN, reconocida en resoluciones del Parlamento Europeo y del Senado Italiano) y que fuera director de operaciones. Me entrenaba. No confiaba en nadie pero en mí sí, e hizo algo a lo que no tenía derecho: rompió el secreto de Gladio con su hijo.
¿Acaso era Gladio un asunto familiar?
Claro que no. No era normal reclutar a parientes. Mi madre no sabía nada. Yo era su único hijo varón y confiaba.

¿Cómo era la relación entre ustedes?
Complicada y difícil de resumir. Una relación de confianza basada en mi admiración y respeto. Eso cambió después del atentado de Munich. Para mí fue un punto de inflexión porque me di cuenta de que era un asesino.

Usted tenía 16 años entonces, ¿qué papel tuvo su padre en aquello?
Era oficial de coordinación de Gladio-Stay Behind y tenía el encargo de la ACC (Allied Clandestine Commission) de la OTAN de preparar un atentado. Para eso necesitaba utilizar a otros, gente a la que embarcar como autores. Mi padre los llamaba “tontos útiles”. Mi padre tenía contacto con círculos de extrema derecha e implicó al “Grupo deportivo militar Hoffmann” (la banda neonazi Wehrsportgruppe Hoffmann) en el asunto. Mi padre contactó con Karl-Heinz Hoffmann como camarada, los dos eran de 1937, y se ofreció a ayudarle en su guerra contra la República Federal Alemana. El grupo de Hoffmann estaba a punto de ser ilegalizado. También conocía a Gundolf Köhler (autor del atentado de Munich y único culpable indentificado, fallecido al estallar la bomba) desde la época del Das Kommando, un periódico que editaba el grupo. En una edición de los setenta se ve a Köhler con un casco nazi. Mi padre decía que Köhler era el tipo ideal y que daba igual si moría. No se identificó como agente de la OTAN porque si Hoffmann lo hubiera sabido le habría mandado a sus matones contra él.

“Mi padre creó un equipo con dos oficiales del BND, cuyos nombres no voy a dar, además de Köhler y Naumann, y confeccionaron la bomba en un garaje de Donaueschingen. Mi padre era el principal porque era especialista en explosivos. La bomba tenía que ser fácilmente manipulable y verosímil, en el sentido de que se creyese que gente como Köhler la hubiese podido fabricar. Construyeron varias, hicieron pruebas. Tardaron año y medio. El detonador vino de Uelzen, el explosivo de la Naval Weapons Station de Den Helder (Holanda) y fue entregado por el servicio secreto holandés, donde mi padre tenía contactos con oficiales del Gladio-Stay Behind. Ellos trajeron el explosivo junto con el extintor que se usó. El extintor venía de Inglaterra, era material del MI-6 de los años cincuenta. El explosivo fue transportado en coches particulares, incluido el de mi familia, matrícula BN-AE 500, hasta Donauschingen. Mi padre me informó a lo largo de año y medio de los preparativos. El día del atentado, cuando salió la noticia por la tele, mi padre estaba ante el televisor con nosotros y dijo, “yo no quería eso”. Salimos de la sala, fuimos a otra habitación a hablar, le dije, “¿por qué lo hiciste?”. “Déjame en paz”, me respondió. Estuvo dos días sin hablar.”

¿Estaba deprimido?

¿O sea que no deseaba aquel baño de sangre?
En aquel momento se dio cuenta de que era un vulgar asesino, de que ya no podía volver atrás. Ya no tenía nada que ver con ser soldado, con matar con cierta legitimación en acciones dirigidas contra los rusos enemigos, sino liquidar civiles, contra el propio pueblo. Algunos de los muertos eran jóvenes de mi edad, “has matado a gente como yo”, le dije.

¿Y qué contestó?
“Calla, eso no es asunto tuyo”.

Un año después del atentado de Munich se detuvo a un guardabosques de extrema derecha llamado Heinz Lembke que había dado explosivos al grupo de Hoffmann, pero el día antes de que declarara ante el juez fue encontrado ahorcado en su celda…
Mi padre me dijo que la víspera de aquel 1 de noviembre de 1981, Lembke fue visitado por gente del BND de su equipo en la cárcel y que no había muerto de muerte natural.

En Munich hay un grupo de abogados y de familiares de víctimas que sigue buscando, sin ningún éxito, explicaciones a aquel atentado, ¿se han puesto en contacto con usted tras su declaración en Luxemburgo?
No. Tampoco yo me he puesto en contacto con ellos: cuanta más gente meta en esto, más peligro para mí….

Pero la publicidad es la mejor protección…
Esa gente tiene derechos como víctimas, pero hasta el día de hoy, la fiscalía de Munich ha impedido cualquier clarificación, denegando las reclamaciones de abogados y familiares. Igual que en Luxemburgo (más de 80 documentos) en el caso de Munich se han destruido pruebas, en mi opinión por obra del BND. De lo contrario no es posible destruir pruebas de un caso tan importante.

En Luxemburgo usted dijo que no habló antes de todo esto porque su padre, fallecido en noviembre, le había amenazado.
Sí, pero ya antes de que muriera contacté con Daniele Ganser (el profesor suizo, autor de la gran investigación sobre este tema, “Los ejércitos secretos de la OTAN”, 2005). Mi padre me advirtió expresamente contra cualquier contacto con Ganser. “Se ha acercado demasiado a nuestros secretos y tu sabes demasiado sobre ellos, si contactas con él, me encargaré de que os liquiden a los dos”, me dijo. Eso me animó a contactar con Ganser. Me encontré con él en algún lugar de Europa. Lo importante es que aparezcan los documentos secretos, que el adversario los ponga en circulación. ¿Cómo? Muy simple: yo he golpeado un nido de avispas, les he puesto la trampa de la miel poniendo las cosas encima de la mesa, ahora tienen que venir las moscas. Es un nido de avispas porque Gladio no es un problema alemán, sino internacional. En los años ochenta todos los estados miembros de la OTAN tenían sus grupos Gladio-Stay Behind. Todos. En Italia se investigó, hubo una comisión de investigación en Bélgica, y ahora en Luxemburgo, pero en Alemania no se aclara nada. La justicia alemana está ciega del ojo derecho. Me podrían haber abierto un proceso por difamación desde el BND o el BfV (la policía política), pero no han hecho nada. Algunos periodistas de grandes medios me han llamado pero no han escrito nada. El segundo canal (ZDF) me grabó una entrevista, pero no la ha emitido.

Además de su participación en Munich y Luxemburgo, usted afirma que su padre también estuvo implicado en las llamadas “masacres de Brabante” en Bélgica…
En Luxemburgo no hubo víctimas, en Bélgica 28, que se suman a los 13 muertos de Munich…

¿Cómo justificaba su padre toda esa locura?
Se trataba de quitarse de en medio a los comunistas. En Europa la mayoría de los gobiernos de nuestro entorno eran socialistas y subvertidos por los comunistas, la meta era eliminar a esos gobiernos. En Europa solo se querían gobiernos de derecha para tener un baluarte contra el comunismo ya que en Europa el Pacto de Varsovia superaba ala OTAN en 3 a1 en armas convencionales. Se pensaba que los comunistas tenían demasiada influencia.

Pero, ¿podía creer alguien en serio que en un país como Luxemburgo existiera un peligro comunista?
Si se empaqueta bien cualquier mentira puede ser vendida como verdad, como un caramelo…

¿…y cuál era el envoltorio en este caso?
Crear miedo y fortalecer la seguridad interna. Para eso había que escenificar un terrorismo. Y la gente que lo hizo eran oficiales en contacto con Estados Unidos, gente que tenía que ver con la guerra de Vietnam. Los atentados sucedieron no mucho después de la guerra de Vietnam concluida en 1975. No aprendieron nada de aquellas barbaridades y aterrorizaron a sus propios aliados europeos. Así creían luchar contra el comunismo.


Venecia, septiembre de 1980. Pocos días antes del atentado de Munich, Johannes Kramer y su hijo Andreas
Venecia, septiembre de 1980. Pocos días antes del atentado de Munich, Johannes Kramer y su hijo Andreas
(Cedida por Andreas Kramer – Propias)

Johannes Kramer, en uniforme del Bundeswehr, con su hijo Andreas y una de las dos hermanas de éste
Un buen padre de familia: Johannes Kramer, en uniforme del Bundeswehr, con su hijo Andreas
y una de las dos hermanas de éste, a los 7 años de edad (Cedida por Andreas Kramer – Propias)

 

Red secreta en el servicio secreto

  • Johannes Kramer (1937-2012), el hombre al que su hijo describe como una pieza importante del ejército subversivo de la OTAN, era un buen padre de familia, un hombre cariñoso y emocional. “Nunca me pegó”, dice el hijo, que tenía 16 años cuando el atentado de Munich y le profesaba una adoración de adolescente que solo la masacre de 1980 alteró para siempre.

    Fumador empedernido, Johannes Kramer no cometía excesos de alcohol. Su personalidad es descrita por su hijo como la del dios Ianus de la primera mitología romana, dios del principio y el fin que tiene una doble cara.

    Oficialmente, Kramer era un mero capitán del Bundeswehr, el ejército federal alemán. En realidad tenía el rango de coronel en el departamento G-4 del BND, los servicios secretos, con el nombre de guerra de “Cello”, dice el hijo. El ejército subversivo de la OTAN era una estructura secreta e internacional dentro de los propios servicios secretos nacionales.

    “Un día, cuando yo tenía 16 años, mi padre me llevó a su despacho. Nunca había visto una mesa tan ordenada. Le pregunté, “¿Dónde están tus papeles, las cosas en las que estás trabajando?”. Me dijo que todas las carpetas estaban en la caja fuerte. “¿No te fías de nadie?”, le pregunté. “No, de nadie”, me respondió. Con ello me quiso demostrar que tenía confianza en mi”, explica el hijo. “Me quería reclutar cuando fuera mayor y me preparaba para ello, pero yo no habría trabajado para el servicio secreto, sino para él, esto es importante entenderlo porque Gladio-stay Behind era una red secreta dentro del secreto”, dice.

    La prueba de que Johannes Kramer no era un mero capitán del ejército está en sus voluminosos ingresos, muy superiores a los de un capitán, que se pagaban con fondos reservados. Como jubilado, a Johannes Kramer le correspondía una pensión de 2.000 euros, pero recibía, oficialmente, 3.121. El número de su certificado de pensiones, delata que pertenecía al BND, explica su hijo al mostrar el documento.

La muerte de un infiltrado policial evoca, cuarenta años después de los hechos, las zonas grises del nacimiento y evolución del principal grupo terrorista alemán

Rafael Poch

16/04/2012 12:09 | Actualizado a 26/04/2013 18:30

(…)

Salut i independència!
(encara que sigui de joguina)
Jordi

http://vimeo.com/user1361588/videos
www.youtube.com/user/grupsalvatge/

:: http://entrebits.blogspot.com/ ::
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ESPAI LLIURE DEL MUNTATGE “SIDA”

«El present és d’ells; el futur és meu»

Nikola Tesla (1856–1943)

 

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